A través del siempre interesante blog de Enrique Dans he accedido a dos investigacionessobre el estado del comercio musical: un estudio de Zeropaid sobre los ingresos de los músicos, y otro sobre el “modus operandi” de la creación y grabación musica digital y sus magnitudes económicas realizado por el economista Joel Waldfogel. Ambos esdtudios avalan la tesis sostenida por nosotros en anteriores post sobre la ley Sinde:
¿Desaparecerá la mitad de las creaciones culturales o aparecerán otras nuevas manifestaciones? ¿Han desaparecido los libros? ¿Ha aumentado la venta global de discos? ¿Hay más producción cinematográfica que nunca? No podemos obviar las interrelaciones entre la divulgación pirata y el fortalecimiento de la demanda cultural. Al respecto, dos reflexiones rápidas.
Primera; Quizás la forma en que circulan los productos culturales no ocurra conforme a las prácticas económicas habituales. Más que adaptar el flujo de información a los contenidos propietarios, quizás la solución pase por buscar nuevas formas de comercialización.
Segundo; El acceso masivo a la información propietaria ha elevado las exigencias del consumidor que ya no se conforme con un éxito mediocre entre una docena de temas musicales o la enésima versión del mismo disco. Muchas cosas que se vendían simplemente no ya valen dada la visión panorámica y de contraste que ha aportado internet a la población. La difusión abierta aporta al creador el beneficio de llegar más lejos. Los productos comerciales tendrán que adaptarse a los nuevos ordenes de comunicación o desaparecer. Es posible que en el siglo XXI los productos culturales válidos sobrevivirán mejor. Los malos menos. ¿Cuánto de satisfactoria es su creación? ¿En cuánto valora la divulgación no comercial de su obra? ¿Qué sería sin ella?
Creemos que la variable crítica en el cambio de hábito de los consumidores no es sólo el acceso a la música pirata. Es la perspectiva del consumidor lo que ha cambiado. Cada día parece más claro que los métodos de comercialización y obtención de beneficio son definitivamente otros. Algunos datos indicadores demuestran que las prácticas comerciales ya no pasan por la distribución centralizada y monopolista de los contenidos: hoy hay más directos que nunca y hay mayor insidencia comercial del marketing directo. Ahora las empresa pequeñas, ponen en lanzamiento a creadores cuya difusión vírica por canales alternativos puede ser tan eficiente que las megas campañas. La música debe ser buena simplemente.Se ha acabado el negocio centrado en el control estricto de los canales de distribución y exposición. Ninguna ley va a alterar esta realidad.
Otro elemento intereasante para el análisis es que en el campo de la experiencia sonora, la infraestructura o técnica del sonido, no ha incorporado grandes avances, logros que son además accesibles para empresas de pequeño tamaño, e incluso aficionados con una mastercard normalita: microfonía y hardware de muestreo maravillosos están a la mano de una persona informada. Antes las empresas creaban cantantes en una función lineal de marketing masivo. En los nuevos tiempo se negocia sobre el significado de la propuesta musical con redes complejas que tomas decisiones con una lógica abierta inaprehensible para las grandes multinacionales.Pequeños y grandes ofrecen los mismo y lo cierto es que acabarán distribuiyendose de la misma forma, por el conducto abierto de internet.
En otro post comentaremos el caso especial del cine.

